Emilie Schindler había sido invitada al gran estreno de la Lista de Schindler en Estados Unidos. Apenas pudo ver la película, por la cantidad de gente que había y no sabía quién era la actriz que hacía su papel, Caroline Goodall, pero le cayó simpática. Y el que encarnaba a su marido, Liam Neeson, le pareció que estaba muy bien. La anciana se hacía mundialmente famosa por su heroísmo durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945 los nazis habían sido derrotados. Y las 1200 personas que estaban a su cargo habían sobrevivido. Les consiguió una muda de ropa, algunos alimentos y un poco de plata para que se integraran a la vida cotidiana post Adolf Hitler.
Al término de la guerra el matrimonio huyó para no ser detenido por los soviéticos. Ese habría sido su final. Según relatos de Emilie Schindler, el final de la guerra fue terrible. Llegaban hordas de rusos dispuestos a saquearlo todo. “Nunca uno estaba seguro si salía con vida o no”. La pareja, que se había consumido toda su fortuna en busca de lograr que su gente sobreviviera, se instaló en la Argentina, en la provincia de Buenos Aires. Y trajeron seis familias de Schindlerjuden con ellos.
A diferencia de Oskar, su esposo, los esfuerzos de Emilie para salvar a los 1200 judíos no fueron del todo reconocidos y más bien ignorados, cuando la propia mujer dijo haber trabajado codo a codo con su marido. Fue honrada en vida por organizaciones judías por su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial, también fue declarada persona Justa entre las Naciones y condecorada con la Orden de Mayo. En los últimos años sentía nostalgia por su tierra y expresó el deseo de pasar sus últimos años en Alemania. Murió en Berlín, de un derrame cerebral, el 5 de octubre de 2001 en el Hospital Maerkisch-Oderland. Tenía 93 años. Emilie está enterrada en el cementerio Waldkraiburg, cerca de Múnich. “Wer einen Menschen rettet, rettet die ganze Welt” (Quien salva una vida, salva al mundo entero) lleva escrito en su lápida.