Qué significa ser latino en Estados Unidos

La población latina no para de crecer y es cada día más heterogénea. La forma en que los hispanos se perciben, la arbitraria estadística y el impacto en la política. La población latina en Estados Unidos es diversa, grande y está creciendo. También está cambiando. De representar solo 5% de la población en 1970, hoy casi 20% de las personas en Estados Unidos se consideran hispanas o latinas.

La mayoría de los latinos en Estados Unidos nos identificamos como mexicanos o de descendencia mexicana, pero en los últimos 20 años las comunidades venezolanas, paraguayas y guatemaltecas han crecido a tasas mucho más altas y, en general, la población latina es bastante más heterogénea en términos de origen nacional que hace dos décadas.

Mientras que en el 2000 aproximadamente 40% de los latinos que vivían en Estados Unidos habían nacido en otro país, para el 2020 ese porcentaje había caído a 33%. Así como la composición de la población, la manera en la que los latinos se definen e identifican ha cambiado en las últimas décadas, cambios que están teniendo implicaciones para el diseño de encuestas y la representación de la población latina en estadísticas oficiales.

A diferencia de clasificaciones como “blanco,” “negro” o “asiático”, la Oficina del Censo de Estados Unidos y otras agencias gubernamentales no consideran “hispano o latino” un grupo racial sino un grupo étnico.  En términos prácticos, esto significa que como existen preguntas distintas para identidades raciales y para identidades étnicas, un encuestado puede ser clasificado como latino y blanco para propósitos estadísticos. Sin embargo, alguien que responde ser asiático y blanco en una encuesta oficial por lo general va a ser considerado como perteneciendo a “dos o más razas”.

Mientras que muchos latinos responden ser blancos en encuestas, uno de los datos más discutidos del censo poblacional de 2020 fue que una proporción grande de la población hispana y latina en Estados Unidos ahora considera ser multirracial.

Entre 2010 y 2020 el número de latinos que respondieron ser de dos o más razas creció de 3 millones de personas a 20.3 millones, un aumento de 567%. Durante esos mismos 10 años, el número de latinos que se identifican como únicamente blancos se redujo a la mitad, de 27 millones de personas a 13 millones. 

La Oficina del Censo le atribuye este cambio, en parte, a mejoras en el diseño de cuestionarios, así como a avances en la capacidad de procesamiento de datos de la agencia. Pero puede que también esté reflejando cambios en normas culturales alrededor de identidades y clasificaciones demográficas-clasificaciones que no por ser útiles dejan de ser arbitrarias.

Quién pertenece a qué grupo va evolucionando junto con procesos históricos y políticos. Por ejemplo, algunos historiadores apuntan a que los migrantes italianos e irlandeses que llegaron a Estados Unidos entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX no eran considerados lo suficientemente blancos y, por lo tanto, eran excluidos de ciertas escuelas, cines y otros espacios e instituciones. O la regla de “una sola gota de sangre”, un concepto que existió en Estados Unidos hasta bien avanzado el siglo XX y que determinaba que un ancestro negro, por lejano que fuera, era suficiente para clasificar a una persona como negra para propósitos legales y demográficos.

Los mismos conceptos “Latinoamérica” y no empezaron a usarse sino hasta mediados del siglo XIX en Francia, con el propósito de destacar los parecidos culturales entre el país europeo y las naciones recientemente independientes del continente americano. La idea, entonces, era que construir un sentido de latinidad le daría legitimidad a la intervención de Napoleón III en México y entorpecería las ambiciones expansionistas de los estadounidenses, quienes no eran culturalmente latinos sino anglosajones.

En cuanto a la relación entre la población latina, estadísticas oficiales y conceptos raciales y étnicos en Estados Unidos, el primer esfuerzo por contar a la población con descendencia hispana o latinoamericana ocurrió cuando se incluyó “mexicano” como una categoría racial en el censo de 1930.

En los sesenta y setenta, la Oficina del Censo empezó a hacer esfuerzos más sistemáticos a raíz de presiones de activistas, quienes necesitaban datos demográficos para cabildear por que sus comunidades tuvieran acceso a recursos y programas públicos.

Este año, la administración del presidente Joe Biden propuso nuevos cambios que podrían ser aplicados al censo de 2030. Entre otras cosas, la propuesta incluye combinar lo que hoy son dos preguntas y simplemente preguntar: “¿Cuál es tu raza o etnicidad?”

Se espera que la nueva pregunta elimine confusión entre distinciones étnicas y raciales y se obtengan datos de mayor calidad. Por ejemplo, muchos hispanos y latinos no se identifican con ninguno de los grupos raciales incluidos como opciones predeterminadas en encuestas, lo que provoca que muchas personas se salten una o varias preguntas.

Tener datos precisos no importa solo para propósitos estadísticos. El gobierno estadounidense toma en cuenta información racial y étnica para el diseño de distritos electorales, la distribución de recursos, evaluaciones del efecto de políticas públicas y la creación de programas de educación y salud, por ejemplo.

Por supuesto, también existen prácticas y preferencias que no son capturadas por estadísticas oficiales. Hoy aproximadamente 3% de los latinos en Estados Unidos usan la palabra “latinx”, una alternativa neutral al femenino “latina” y al masculino “latino”. Además, de acuerdo con un estudio del Pew Research Center, casi la mitad de los latinos en Estados Unidos se identifican, primordialmente, por su país de origen: yo soy argentino, yo soy mexicana, yo soy dominicana. Un 39% responde que se identifica más con el término general “hispano o latino” y el otro 14% se considera “americano” sobre cualquier otra clasificación. Existen, entonces, muchas maneras de ser latino en Estados Unidos.